Cuando una empresa decide crear una nueva página web, hay una pregunta que aparece con bastante frecuencia en las primeras conversaciones: «¿Tienes alguna web de referencia que te guste?»
Y tiene todo el sentido.
Quieres que tu nueva web se vea profesional. Has visto páginas que te gustan, otras que te parecen muy bien organizadas y quizá alguna de tu competencia que te ha llamado especialmente la atención.
Así que parece lógico enseñar esas referencias y decir: «Quiero algo parecido a esto».
El problema empieza cuando esa referencia deja de ser una inspiración y se convierte en el modelo que vamos a copiar.
Porque una web puede gustarte mucho y, aun así, no ser una buena web para tu negocio.
Y esa diferencia es bastante importante.
Mirar a la competencia sí. Copiarla, no.
Analizar a la competencia puede ser muy útil.
De hecho, sería extraño crear una página web para una empresa sin saber qué ocurre a su alrededor.
Ver cómo se presentan otros negocios, qué servicios destacan, cómo organizan su información, qué mensajes utilizan o cómo se comunican con sus clientes puede ayudarnos a entender mejor el mercado.
También puede mostrarnos cosas que están funcionando.
Y otras que quizá no.
El problema aparece cuando hacemos el razonamiento contrario: «Si a ellos les funciona, a nosotros también».
No necesariamente.
Una web no funciona aislada del negocio que hay detrás.
Su estructura, sus contenidos, sus llamadas a la acción, sus imágenes y hasta la forma en la que presenta un servicio responden a unas decisiones concretas.
Y esas decisiones se tomaron para una empresa determinada.
No para la tuya.
Un buen análisis competitivo sirve precisamente para detectar qué patrones se repiten, qué oportunidades existen y qué puede mejorarse, no para convertir la web de otro negocio en una plantilla.
Una web puede parecer sencilla desde fuera, pero no sabemos por qué está hecha así
Cuando entramos en la web de otra empresa vemos el resultado final.
Vemos los colores.
Las fotografías.
Los textos.
El menú.
Los servicios.
Los botones.
La forma en la que está organizada.
Pero no vemos todo lo que ocurrió antes.
No sabemos qué tipo de cliente tiene esa empresa.
Qué busca.
Qué vende mejor.
Qué servicio quiere potenciar.
De dónde llegan sus usuarios.
Qué problemas tienen sus clientes.
Qué objeciones aparecen antes de comprar.
Qué estrategia de contenidos sigue.
Qué páginas le generan oportunidades.
Ni por qué decidió colocar cada elemento exactamente donde está.
Y ahí está uno de los mayores riesgos de copiar.
Copiamos decisiones sin conocer las razones que hay detrás de ellas.
Es parecido a ver el resultado de una receta y pensar que, utilizando los mismos ingredientes, conseguiremos exactamente el mismo plato.
Puede que sí.
O puede que no.
"Quiero una web como esta" no siempre significa "quiero lo mismo"
Hay otra cuestión que también ocurre mucho.
Un cliente puede enseñar una web y decir: «Me gusta esta».
Pero cuando profundizamos un poco más, quizá lo que realmente le gusta es una parte concreta.
Puede ser:
- la sensación que transmite;
- la forma de presentar las imágenes;
- la claridad del menú;
- el tipo de fotografías;
- la forma de mostrar los servicios;
- la sensación de confianza que le produce;
- o simplemente que, al entrar, ha entendido rápidamente de qué trata la empresa.
Y eso cambia bastante las cosas.
Porque entonces la referencia deja de ser: «Quiero esta web».
Y pasa a ser:«¿Qué es exactamente lo que te funciona de esta web?»
Esa segunda pregunta nos permite entender mucho mejor qué espera la persona.
Y a partir de ahí podemos construir algo propio.
Tu web tiene que responder a tu negocio, no al de tu competencia
Dos empresas pueden ofrecer servicios muy parecidos y necesitar páginas web completamente diferentes.
¿Por qué?
Porque pueden tener clientes distintos.
Un producto puede tener un proceso de compra sencillo y otro necesitar mucha explicación.
Una empresa puede vender principalmente por precio y otra por especialización.
Una puede necesitar generar muchas solicitudes de presupuesto y otra facilitar una compra directa.
Incluso dos negocios que venden exactamente lo mismo pueden tener propuestas de valor diferentes.
Por eso, antes de decidir cómo debe ser una página web, hay preguntas que son mucho más importantes que: «¿Qué web te gusta?»
¿Qué vendes realmente?
No solo qué producto o servicio aparece en tu catálogo, sino qué quieres que el cliente entienda que puede conseguir contigo.
¿A quién quieres atraer?
No todas las personas que pueden comprar algo son necesariamente el cliente al que quieres dirigir tu comunicación.
¿Qué necesita saber antes de decidir?
Aquí entran las dudas, las objeciones, la información que busca y las razones por las que puede confiar en ti.
¿Qué quieres que haga cuando llegue a tu web?
Contactar.
Pedir presupuesto.
Comprar.
Reservar.
Llamar.
O simplemente continuar informándose.
La estructura de la página debería ayudar a que ese recorrido tenga sentido.
Copiar el diseño también puede hacerte competir en lo mismo que todos
Hay otro problema que quizá sea todavía más importante.
Si una empresa mira constantemente a su competencia para decidir cómo debe ser su web, puede terminar pareciéndose cada vez más a ella.
Mismos colores.
Mensajes parecidos.
Misma estructura.
Servicios presentados de la misma forma.
Fotografías similares.
Y llega un momento en el que el usuario entra en una web y tiene la sensación de haber visto muchas iguales.
Entonces la decisión se vuelve más difícil.
Si no encuentra una diferencia clara, empieza a comparar otras cosas.
El precio.
La oferta.
La rapidez.
La promoción.
Y volvemos a un problema que ya hemos tratado en otros contenidos de este blog: si no consigues explicar por qué elegirte, es mucho más fácil que el usuario termine comparándote por precio.
Por eso diferenciarse no significa hacer una web extravagante o completamente diferente a todo lo que existe.
Significa conseguir que la web explique de forma clara por qué ese negocio es una opción diferente para ese cliente concreto.
Entonces, ¿para qué sirven las webs de referencia?
Para mucho.
Solo hay que utilizarlas correctamente.
Una web de referencia puede ayudarnos a descubrir:
- qué estilo visual nos gusta;
- qué tipo de navegación nos resulta cómoda;
- cómo nos gustaría presentar determinadas imágenes;
- qué sensación queremos transmitir;
- qué elementos creemos que funcionan;
- qué cosas no queremos repetir.
También puede ayudarnos a estudiar qué está haciendo la competencia.
Pero una referencia no debería convertirse en una plantilla mental.
No debería decirnos cómo tiene que ser nuestra web.
Debería ayudarnos a hacer mejores preguntas.
¿Qué funciona aquí?
¿Por qué me gusta?
¿Esto responde a las necesidades de nuestro cliente?
¿Podemos hacerlo mejor?
¿Tiene sentido para nuestro negocio?
¿Hay algo que podamos adaptar a nuestra propia propuesta?
Ahí es donde una referencia empieza a ser realmente útil.
Analizar a la competencia es diferente de copiarla
Analizar significa observar y sacar conclusiones.
Copiar significa reproducir.
Y entre ambas cosas hay una diferencia bastante grande.
Cuando analizamos una web de la competencia podemos descubrir que todos están hablando prácticamente de lo mismo.
O que todos presentan sus servicios de una manera muy parecida.
O que nadie está explicando una determinada cuestión que sí preocupa a los clientes.
Y ahí aparece una oportunidad.
Porque quizá el camino no sea hacer otra web igual.
Quizá sea hacer una web que responda mejor a lo que el usuario necesita encontrar.
Ese es el valor real de analizar a la competencia.
No buscar qué podemos copiar.
Buscar qué podemos entender, mejorar o hacer de otra manera.
De hecho, un análisis competitivo bien planteado puede servir para detectar precisamente esos huecos que otros negocios todavía no están cubriendo.
Una buena página web empieza mucho antes del diseño
Aquí es donde creemos que está una de las diferencias más importantes.
Antes de diseñar una página web hay que entender el negocio, el cliente al que queremos llegar, qué necesita encontrar, qué queremos comunicar y qué recorrido tiene sentido para esa persona.
En el Sistema Coliseum, esta parte corresponde a la fase de comprensión estratégica: análisis del negocio, cliente ideal, intención de búsqueda y comportamiento esperado. Después se trabaja la arquitectura, la jerarquía y el recorrido antes de entrar en la construcción de la web.
Por eso no empezamos preguntándonos únicamente: «¿Cómo queremos que se vea?»
Primero necesitamos saber: «¿Qué tiene que conseguir esa página?»
Después viene la estructura.
Después el contenido.
Y después el diseño puede dar forma a todo ello.
No porque el diseño sea menos importante.
Al contrario.
Porque cuando el diseño se apoya en una estructura pensada, puede cumplir mejor su función: facilitar que la persona vea, entienda, confíe y decida.
Ese recorrido forma parte de la forma en la que Coliseum plantea la experiencia digital.
¿Qué hacemos entonces con la web de nuestra competencia?
Mirarla.
Estudiarla.
Preguntarnos qué hace bien.
Detectar qué podríamos mejorar.
Y, sobre todo, entender qué está ocurriendo en nuestro sector.
Pero después cerrar esa pestaña y volver a nuestro propio proyecto.
Porque la competencia puede enseñarnos mucho sobre el mercado.
Pero no puede decirnos cómo debe ser nuestra web.
Tu página tiene que construirse alrededor de tu negocio, tu propuesta de valor y las personas a las que quieres llegar.
Y quizá esa sea la diferencia entre hacer una web parecida a otras y construir una web que realmente tenga sentido para tu empresa.
Conclusión
Copiar a la competencia puede parecer el camino más sencillo.
También puede ser una forma muy rápida de terminar teniendo una web que se parece a muchas otras.
Mirar lo que hacen los demás tiene sentido.
Copiar sin entender por qué lo hacen, no tanto.
Porque una buena página web no debería ser una versión parecida de la que tiene otra empresa.
Debería ser la respuesta digital a lo que tu negocio es, a lo que ofrece y a lo que necesita encontrar tu cliente.
Y para llegar ahí, el diseño es importante.
Pero antes hay que comprender.
Analizar antes de copiar.
Entender antes de diseñar.
Y construir antes de comparar.
Preguntas frecuentes sobre copiar a la competencia y diseño web
¿Copiar la web de la competencia es una buena estrategia?
¿Es bueno tener webs de referencia para crear una página web?
¿Cómo puedo diferenciar mi página web de la competencia?
¿Cómo analiza Coliseum la competencia antes de diseñar una web?
¿Tu web se parece a tu competencia o realmente explica por qué deberían elegirte?
Si estás creando una nueva web o sientes que tu página se parece demasiado a las demás de tu sector, quizá el problema no esté en el diseño.
Puede estar en que todavía no se ha definido qué debe hacer diferente a tu negocio.
En Coliseum analizamos el negocio, el cliente, la competencia y el recorrido digital antes de convertir esas decisiones en estructura y diseño.